La pieza central de este dormitorio es su distintivo cabecero tapizado, que presenta un patrón de paneles verticales redondeados en la parte superior, evocando la forma de una concha o un abanico. Esta estructura curvilínea suaviza la presencia del mueble, otorgándole un carácter femenino y refinado. La base, oculta tras una funda de faldón blanca, refuerza esa estética ligera y etérea, mientras que la estructura en general se mantiene fiel a una paleta monocromática que prioriza la textura visual y la suavidad de las formas.